Después de mucho retomo las letras, he pasado por días oscuros aunque en Trujillo el clima parecía darle la contra a mi estado de ánimo, me refugié en mis recuerdos y en la compañía de quien espero no se vaya nunca, ¿cómo empezó esto? ¿cuándo me volví tan débil?¿en dónde quedó la chica que solía ser?, buscaba respuesta a cada una de estas preguntas, las personas a mi alrededor se preguntaban lo mismo, y yo seguía cegada por un dolor que es imposible describir con palabras porque estas jamás se aproximarían si quiera a la pena que uno afronta al saber que la vida del ser que más amas, la vida de la mujer que te dio eso : “vida” puede apagarse en cualquier momento y a ti que te gusta tener el control de todo, pues ahora no lo tienes y pasas por el trance de no saber cómo manejar tal situación, la muerte; que si bien es el destino final de todos, nunca la tomas tan en serio si es que no te toca a ti o los tuyos.
Así creo yo que todo comenzó, la fecha exacta no la sé, quizás fue el 4 de febrero del 2009, o quizás fue el 19 de mayo del 2010, o de repente fue el 11 de enero del 2011, en realidad quizás nunca sepa eso, pero con certeza conozco el detonante, mi corazón rígido e incansable lo soportaría una vez más, ¡qué ilusa fui!, él ya había pasado por esto y se rehusaba a una tercera vez, y fue entonces que como un castillo de naipes toda la alegría, las ganas de “enfrentar este reto” decayeron, despertaba sin querer hacerlo, hacía las cosas no por gusto sino por obligación, y peor aún fue no poder llorar, ¿se imaginan eso? ¡No poder! Queriéndolo con toda el alma, desahogarte, llorar hasta que el cansancio de hacerlo te duerma, funcione como un sedante y al final alivie tu pena, pero no podía, y no me explicaba por qué, era frustrante, me alejé de Ti, porque pensé que no te dabas cuenta de mi dolor, y Te fallé, como sé que Tú nunca lo has hecho conmigo, pero Tu amor es tan grande que me tomaste entre Tus brazos sin que yo me diera cuenta y al fin pude salir de ese abismo en el que caí, y de pronto pude llorar, y decir todo lo que sentía, sabiendo que dejaba de lado un peso que me impedía dar pasos hacia adelante, ese peso sólo hacía que me hunda más y no encuentre escapatoria, pero como dice papá: “todo en esta vida al final siempre pasa”.
Han pasado ya más de 20 días que para mí han sido una eternidad, pero me sirvieron porque ahora me conozco más, hice las pases conmigo misma, y me di la oportunidad de reconciliarme con la vida, y creer que aunque el horizonte pueda mostrarse sombrío, siempre existirá una lámpara de luz cuya llama abrigue mi corazón en los días más fríos.
No puedo ser egoísta y decir que logré superar este proceso yo sola, porque no fue así, a mi lado tuve el ejemplo de un padre que tiene una fe imperturbable, que me alentó cada segundo, ya sea con un abrazo, con un beso, con una sonrisa; a mi madre, que siendo ella la protagonista de la historia, es la guerrera más inagotable que conozco, y es quien me impulsa a no rendirme, a Giuly porque me enseña a tener paciencia aunque a veces sea difícil, a Piero, gracias por tu compañía, por prestarme tus noches para disipar mis penas entre caminatas y risas, por dejar de lado tu cansancio y apoyarme por siempre, a mis tres mejores amigos ( Cris, Blanca, Kristen) que aunque no estemos juntos por cosas de la profesión han encontrado la manera de hacerme saber siempre que puedo contar con ellos, a mis abuelos, tíos, y primos, por su amor incondicional. Gracias.
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