Despedidas, ¿por qué existen?, es acaso ¿para recordar a quien se va y a quien se queda que es difícil estar lejos del otro?, no encuentro el sentido de su existencia; sólo, que son tristes.
El abrazo de despedida, es el más triste, porque a pesar de que ya terminó, tu corazón sigue pegado al suyo, rogándole con cada latido no se separe de ti.
“No te vayas”, “Un rato más”, “Te quiero”, “Te amo”, “Siempre estarás conmigo”-frases que acompañan ese difícil momento, en el que sabes que la otra persona debe pisar ese avión, subir a ese bus, marcharse de tu lado, por un tiempo o quizás para siempre.
¡Cuánta expectativa crea la llega de alguien! Te alistas, te preparas para su recibimiento, cuentas los días, y disfrutas cada momento que pasas con él, con ella, con ellos; pero llega el tiempo de la partida y quieres regresar otra vez, quieres que el reloj no haya avanzado, que se haya detenido, te resistes a esa separación física que indudablemente va a llegar, y en el camino hacia el lugar donde tendrás que decir adiós, tratas de hablar del clima, de política, de cualquier tema, que te provoque una amnesia temporal, pero llega el momento, y ya estás en el aeropuerto, en la agencia o el barco, y entonces todo cambia, ahora te cercioraras de que no se olvide(n) de nada, compruebas su equipaje, sus pasajes, y una vez que te das cuenta que todo es conforme, sigues resistiéndote, y le pides te llame cuando llegue, que cualquier cosa te mande un mensaje, le das los saludos que no diste de familiares o amigos X que llegan a ser importantes sólo para aplazar el momento que irremediablemente ya llegó; un altavoz te obliga a decirle adiós, hasta luego, y entonces se da ese abrazo que esconde un “quédate”, ese beso que pide regreses pronto, y esas palabras que expresen cuánto te quieren y cuánto desean que llegue el próximo viaje para verte otra vez.
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